Historia

Brota con unos principios y unos orígenes sencillos, comenzando su andadura manantera con la ilusión de ser parte activa de cuanto rodea y acontece sobre la Mananta.

Fundado por un grupo de jóvenes ,compañeros de colegio, de juegos, amigos de pandilla, cuya media de edad oscila entre los 14 y 15 años- el día 15 de septiembre de 1975, según se desprende del documento que aparece en una simple libreta de colegio, teniendo como objetivo primordial la ilusión de continuar y engrandecer nuestra “Santa Tradición”: la MANANTA.

En agosto de 1975, en el patio del Teatro Circo, se decide la constitución del Segundo Grupo de la Soledad. Será don Miguel del Pino, propietario de una tienda de comestibles y padre de nuestro Hermano Enrique, quien suministre el vino y alguna que otra vianda para conmemorar tal efeméride.

Nace y crece en el barrio de “La Isla”, barrio donde se venera y se da culto a María Santísima de la Soledad; y será esta advocación mariana, la SOLEDAD, a la que, la luz de cuantos cirios le alumbran la noche del Viernes Santo, dediquen cuantos esfuerzos y sacrificios sean necesarios.

En el entorno de este barrio tan antiguo y manantero -la ermita del Dulce Nombre de Jesús, la Corporación del Imperio Romano, el Primer Grupo de la Soledad... se encuentran ubicados en sus antiguas, angostas y muy nobles calles- aprenden y recogen cuantas enseñanzas les transmiten y contagian personas de distinta clase social, profesiones varias, y de distintas sensibilidades, pero que, y este hecho es sin duda lo más importante, les une el mismo sentimiento: amistad y hermandad, pilares básicos en la vida de cualquier Corporación Bíblica y Grupo de Hermandad.

Testigo que recogen de personas como don Juan Pino (q.e.p.d.), don Mariano Carrillo (q.e.p.d), don Andrés Linares Porcuna ... con la firme promesa, ya comentada, de hacer realidad cuanto de bueno y único tiene nuestra Semana Santa.

Aunque anteriormente a la fecha de 1975 hubo otro Grupo de Hermandad con la misma denominación – el Hermano Antonio Ángel Pino en el escrito que, en representación del Segundo, envió a la revista local, “El Pontón”,con el fin de aclarar una duda respecto al momento del encierro de la Virgen de la Soledad, decía: “…los que formamos el Segundo Grupo de María Santísima de la Soledad, hermandad ajena cuya fundación se produjo hace muchas décadas, seguramente con anterioridad a la contienda civil y que no soportó el paso del tiempo.” - nada tiene que ver con el actual .

Efectivamente, este primer Grupo del Segundo de la Soledad, denominado “La Rebaba”, fue fundado en el año 1925, entre otros Hermanos, por don José Jurado Luque (q.e.p.d.), Frasquito Silva, los hermanos Luque Esojo, Antonio y Andrés Pérez, Laureano García, etc. 

Se sabe, que tuvieron cuartel en la calle Luis Sicilia. La única vinculación que se tiene con este “primer Segundo” es que actualmente el Grupo juega el mismo número en la lotería de Navidad: el 55.475, según acuerdo adoptado en Junta General, como testimonio de gratitud y sentido reconocimiento a quienes tuvieron la feliz idea de formar aquel “Segundo de la Soledad”. Eternas gracias.

Volviendo al presente, comentar que de aquellos jóvenes sólo quedan en la actualidad, como hermanos activos: Rafael Berral Matas, Manuel Chaparro Linares, Andrés Linares González, José Linares Luque y José Pino Solís.

Es en la calle “La Huerta”, junto a la ermita del Dulce Nombre de Jesús, donde tienen lugar las primeras reuniones y Comidas de Hermandad. En la casa de los abuelos del Hermano Pepe Pino y de reuniones que tienen lugar en aledaños a la misma es donde se dan estos primeros pasos de convivencia y “ágapes” que, dada la economía de los mismos, los preparan las madres y los hermanos del Primero de la Soledad para que los “niños” –como aún nos siguen llamando los del Primero- puedan saborear y degustar no sólo vinos y viandas diversas, sino que confraternicen en Cuaresma y Semana Santa como mandan los cánones mananteros.

En esta época, alquilan una casa en la citada calle, concretamente al final de la misma, para pasar sólo la Semana Santa, haciéndoles saber los dueños que la casa no tenía luz eléctrica; de modo que hubo que comprar o pedir –más bien esto último- velas que pudiesen alumbrar estos primeros “banquetes mananteros”. Aclarar, por otra parte, que cada uno tenía que aportar cubierto y silla para poder comer y sentarse.

Allí, junto a la vera de María Santísima de la Soledad, se forman los nuevos hombres que continuarán con la tradición de nuestros mayores; hombres que consolidarán la amistad que a todos ellos les une desde la infancia, pues no olvidemos que todos son nacidos y criados en el barrio de “La Isla”.

La primera Estación de Penitencia tiene lugar la noche del Viernes Santo de 1976, siendo presidente del Grupo el Hermano Andrés Linares González. Cada uno, bajo el capillo que cubre su rostro, rezará unas oraciones en las que dará gracias a María Santísima de la Soledad por seguir los mismos pasos que sus mayores: ser guardianes firmes y fieles de la Mananta.

Estas primeras túnicas negras y capas blancas se las prestan los hermanos del Primero –así los llamamos nosotros- hasta que con las primeras cuotas y otros ingresos atípicos –caseta de Feria Real, lotería de Navidad, rifas, quinielas…- puedan costearse unas nuevas. Será el Hermano Rafael Montero Urbano –Cofrade Mayor de María Santísima de la Soledad en los últimos años- quien tijeras y metro en mano las confeccione. -¡cuántos números y otras “gabelas” no se habrían hecho con anterioridad para poder comprar la tela con la que confeccionar sus propias túnicas!- .

Nos atrevemos a conjeturar la inmensa alegría que supuso para todos, la adquisición de estas telas con las que ¡hasta 1998! –se dice pronto- se ha desfilado Viernes Santo, tras Viernes Santo, contemplando emocionados y conmovidos el rostro de la Madre de Dios, abriéndole camino por las calles del barrio de la Isla, su barrio, hasta su encierro en la “plaza más chiquita, Dulce Nombre…”

En este transcurrir del tiempo, son ya muchos años de “buen quehacer manantero” queremos hacer una mención muy especial y sentida, y en caso contrario seríamos desagradecidos, a la Corporación del Imperio Romano, siempre atenta y diligente a cuantas peticiones se le hacían –y en ello continuamos-, hasta el punto de que muchos “arroces” que preparaba el Hermano Martín (q.e.p.d.), nos los hemos comido y degustado con cariño, no sólo en el cuartel, sino en mitad de la propia calle Casares. Todo el mundo estaba ansioso porque llegase el Domingo de Resurrección y colocar el “paellón” en el centro de la calle o en mitad del patio y… paso “alante”, paso atrás, cucharón a la boca. Buenos e inolvidables Domingos de Resurrección aquellos.

Hoy, como mandan “la cuestiones mananteras” de buena hermandad y, en nuestro caso, de excelente vecindad, el Segundo de la Soledad tiene el gusto y honor de ofrecerle un “caldito” a todo el Imperio cuando sube a tocar la Diana a nuestro “Terrible”. 

Como testimonio de tal evento y para que sirva de recuerdo y agradecimiento, cuelga un cuadro en el salón del cuartel, en que su autor, el Hermano Javier Velasco, describe con gran emotividad tal momento.

Lo titula: “Al caldito del Viernes Santo” –Semana santa, 1997- . Este “caldito”, que como hemos visto se ha hecho costumbre el degustar la madrugada del Viernes Santo tiene su raíz en el caldito que don Pedro Lavado Rodríguez (q.e.p.d.), padre de nuestro Hermano Perico, nos hacía en tan señalad fecha y que posteriormente continuamos nosotros.

El flamencólogo Agustín Gómez en un artículo decía (sic) :“ A mí me tocó gozar y sufrir con Pedro Lavado. Su cante se hizo jirones en su garganta, con sus propias carnes, en su piel agrietada por los temporales. Fue, eso, un gastador de la vida. Narró en coplas sus vivencias y sentimientos con más sencillez y autenticidad que nadie. A falta de espacio me quedo con ésta:

 

Me tachan de bebedor

y también de mujeriego

y que de un tiempo a esta parte

estoy empicao en el juego.

Yo hago lo que me parece

y estoy viviendo en la gloria,

y digo como el refrán:

ningún perdío va a menos.

Y el día que yo me muera

se muere lo que más quiero.

Pero, ¡qué tendría este monstruo que dejó a su mujer, a sus hijos y amigos venerándole en un altar? ¡Ese fue su triunfo!”.

En cuanto a la creación de la “cuartelera”, yo creo, dice, que pudo ser que, como normalmente, para hacer la saeta hay que estar dotado de unas facultades tremendas y escasean los cantaores en este “palo”, que fueran uno o dos los que cantaban en el cuartel y entonces el resto, sintiéndose “celosillo” de no poder hacerlas, se decidiera por participar en un tercio, a lo que le siguieron otros y de esta manera salió la “cuartelera”, que como sabemos es más liviana que la natural, pero que no deja y parece mentira, que estando todos dentro del pueblo, cada cuartel tiene su estilo o forma de interpretar. No cabe duda que el cante bien flamenco, el caso de los “Hierros”, puede engrandecerla, pero no sabemos hasta que punto… Yo recuerdo en las subidas a Jesús, que la gente iba a oír cantarlas y en cada grupo había uno o dos que lo hiciera, siendo respetados por el resto, aunque dentro del cuartel cantaran todos, pero en la calle iban a ver quien se llevaba “la palma”. Ernesto, Cruces, Estradita, Seco Hijo, “Los Hierros”, “El Balilla” y muchos más…” 

Eternas gracias, don Pedro Lavado Rodríguez, y que el “Nazareno” te tenga junto a ËL.

Llegados a este momento de “hermandad manantera”, hay que resaltar otro hermoso detalle de la familia Lavado-López. En esta familia canta “hasta el gato”, pues son artistas de los pies a la cabeza y todos cantan saetas con tanto fervor y recogimiento que escucharlas en sus voces enternece y ablanda “el más duro y acerado corazón de los mortales” . En cierta ocasión, y para que el Grupo tuviese una saeta cuartelera propia que cantarle “...a la Virgen más bonita, Virgen de la Soledad”, se decide organizar un pequeño concurso a nivel interno, en el que cada Hermano que así lo quisiera, presentase una cuartelera y elegir entre todos aquella que mejor se adaptase al sentimiento de la Soledad. El Hermano Pedro Lavado López recoge una, de las tantas que canta su querida madre, doña Josefa López Rojas, y le cambia los dos últimos versos. De esta forma, y con esta pequeña “treta” se canta hoy en todo Puente-Genil la siguiente cuartelera:

 

“Madre de la Soledad,

en tu cara de dolor

reflejas tu amargura

porque llevas a tu hijo

muerto y a la Sepultura”

 

Al Hermano "Perico" se le debe también la letra de las siguientes cuarteleras:

 

“Tentaciones de Nuestro Padre Jesús

no cambiaron Su voluntad

Ser, Querer y Poder

es un don a resaltar

del Segundo de la Soledad”

“Las piedras las hiciera panes

una y otra vez decía

el Demonio con sus tentaciones.

Por más que insistía

a Jesús no convencía”

Pasan Cuaresmas y Manantas, con momentos muy buenos y otros “algo revueltos”, pero el esfuerzo generoso de algunos Hermanos –siempre los hay y habrá (D.m.) - quita “hierro” a “determinados asuntillos”, que por otra parte es lógico que surjan y hace que todos tiremos “palante”, con la ilusión de siempre. Ilusión y ensueño que renace, como si del Ave Fénix se tratase, cuando se atisba el aldabonazo de nuestra Cuaresma: el Jueves Lardero. A partir de ese día tan señalado para cualquier pontano, por ser el inicio y arranque de la “Vida Manantera”, se olvidan divergencias y cuantas discrepancias hubieran ocurrido en fechas atrás, y el Grupo, en su totalidad, se prepara un año más –afortunadamente y gracias a Dios- a vivenciar y sentir en sus “carnes” todo lo precioso y hermoso que tiene nuestra Santa Tradición: ¡qué es “tó!. ¡”Pa” qué nos vamos a engañar”.

En esa fecha hay quien, de forma totalmente voluntaria y altruista -como no podría ser de otro modo- movido por el cariño y afecto hacia sus Hermanos, prepare con esmero y mucho, mucho mimo, el primer “tapeo” y cena de hermandad. El caldito lo suele preparar el Hermano Jesús Velasco quien, por no desperdiciar nada de la correspondiente gallina y añejo con que lo prepara, lo echa al agua como si tal cosa. Total, “más sabroso estará”, - pensará él . Y la verdad es que se da arte para esto del caldito. De modo que “al Cesar lo que es del Cesar y lo del Hermano Jesús Velasco…para todos”.

No podemos olvidar a los “Hermanos Cantores”: Antonio Ángel Pino Illanes, Antonio Baena Ibarra “Lucas”, José Pino Solís, Enrique del Pino Sánchez, José Linares Luque y Juan Pino Solís, el ultimo fichaje que la Schola Cantorum “Santa Cecilia” -el “Coro”, como les gusta llamar a ellos- ha realizado de nuestro Grupo. Éstos sí que pasan “cuarenta días de alegría…entre quinarios, sermones y letanías…”, pues llegada la Cuaresma no dejan de asistir a culto alguno y estar con su “coro” entonando las tradicionales coplas, plegarias, misereres... a cuantas Imágenes Sagradas desfilan y procesionan por las calles de nuestro querido pueblo. Ellos representan al Grupo en las distintas exaltaciones de la Saeta Cuartelera, recogiendo el testigo que dejasen nuestros Hermanos Pedro y Juan Lavado, pues después de unos años en los que no había presencia alguna del Segundo en tal “evento saetero” el Hermano José Linares Luque “pellizca” al Hermano Antonio Ángel para que le acompañe y que se oiga el “gorgoreo y los ayes” del Grupo. Al año siguiente, y hasta la fecha actual, han acompañado al Hermano Antonio Ángel, los Hermanos Pepe Pino y Antonio Baena “Lucas”. Como testimonio de la participación en el “evento saetero” anteriormente citado, el Grupo le dedica una “pequeña sala de trofeos” en el salón de arriba; allí “descansan” premios y recuerdos de tan magníficos “cantaores”.

Y…hasta hoy, no sin antes dejar constancia del más sincero y emotivo recuerdo a cuantas personas, hombres y mujeres, descansan en la Paz del Señor. A ellos-as que con su forma de hacer y entender, de caminar por la vida y de tener como norte y guía LA HERMANDAD, hicieron posible que hoy, y por siempre, se mantenga viva LA MANANTA. Eternas y perpetuas gracias. Descansen en Paz. 





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